No vuelvas a llamarme cuando pienses
en mí confiando en que hay telepatía,
ni creas que exaspero conteniéndome
o estoy obsesionado con tu imagen.
Todo está hablado y de esto hace milenios
-te quise y te pedí que te marcharas-,
no hay tácticas de acoso, ni derribo
que afecte a este baldío corazón.
Otras peores que tú ya lo intentaron
en cientos de ocasiones más propicias
y nunca consiguieron doblegarme
-se helaron al rozarme sus caricias
y fue el impacto tal que ante el desprecio
llegaron a dudar de su existencia-.








