Jazz
El jazz tiene razón todas las noches:
es una tenue luz que te ilumina
de viaje al fondo oscuro de la ciénaga
y llega a su destino y se te apaga.
Te viene a recordar que estás tan solo
como un Dios de una fe monoteísta
frustrado de impotencia –no consigue
que el barro tome forma entre sus manos-.
El jazz tiene razón, cuesta aceptarlo:
te cura como a un perro que te muerde
buscando estar a solas con su herida.
El jazz es el amigo que no encuentras
las veces que no estás para llamarlos
y oír cómo te exponen sus excusas.
El bálsamo de Fierabrás vertiéndose
sin prisa -gota a nota- en el oído.
