Anhelo
Me despojé de todo, no me queda
-por no quedarme- nada, ni la mínima
milésima invisible del pasado
que Dios abandonó a tierra quemada.
No tengo miedo a golpes, descalabros,
cortes, quemazos, sal en las heridas.
Hoy son mis cicatrices surco fértil
para que siembres besos y caricias.
Callando a gritos pido que me aceptes,
mi impávido carácter te suplica
el único remedio que me alivia
-alérgico al olor, la luz y el aire-:
el roce de tu piel antihistamínica
